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A pesar de los intentos de D. Rafael Rodríguez Arias, Ministro de Marina, por modernizar la flota española, la situación de la misma en 1882 tras finalizar la Guerra de Cuba (1868-1878), era insuficiente para las labores que debía acometer. Dos años más tarde, recogería el testigo ministerial D. Juan Bautista Antequera y Bobadilla, por aquel entonces Contralmirante de la Armada y anteriormente dos veces ministro de marina, quien al igual que el presidente Cánovas del Castillo se dio cuenta de la necesidad de una nueva reposición de buques.

Surgiría así el Plan que presentó a finales de 1884, y que preveía la construcción de un acorazado, doce cruceros (de distinto tonelaje), seis cañoneros y un buque contratorpedero.

Como ya señalamos en las entradas anteriores, los astilleros nacionales seguían estando en una situación pésima, por lo que estos buques serían producto de la firma de un nuevo contrato con la francesa Société Nouvelle des Forges et Chantiers de la Méditerranée. Como resultado del Plan Antequera y Bobadilla, España adquiriría el Pelayo, el primer acorazado diseñado y construido como tal para la Marina Española, pues recordemos que en el caso de las fragatas blindadas se decidió cambiar su estructura tras comenzar las obras de las mismas.

Pelayo. Acorazado de Primera Clase de la Marina Española, construido por la Sociedad Forges et Chantiers de la Mediterranee. Anónimo, 1890. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Pelayo. Acorazado de Primera Clase de la Marina Española, construido por la Sociedad Forges et Chantiers de la Mediterranee. Anónimo, 1890. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Lo curioso de que únicamente se eligiese construir un buque acorazado, y se destinase la mayor parte del presupuesto a la adquisición de cruceros, radicó en el desarrollo de la Jeune École, un concepto de origen francés que abogó por el uso de unidades de tamaño pequeño y fuertemente armadas, como cruceros y torpederos, para combatir a los acorazados, estando estos buques destinados al olvido.

El acorazado Pelayo
La construcción de este buque se dejó en manos de los astilleros de La Seyne (Tolón), pertenecientes a la naviera francesa arriba mencionada. Para esto se destinó un presupuesto de 22 millones de las antiguas pesetas.

Siguiendo el diseño del acorazado francés Marceau, y los gemelos de éste, su proyecto recayó sobre los hombros del ingeniero Amable Lagane. El Pelayo, cuyas obras comenzaron prontamente, no fue botado hasta 5 de febrero de 1887 y entregado a la Armada española el 9 de septiembre del año siguiente.

El Pelayo en los astilleros de Forges et Chantiers de la Mediterranée en La Seyne el día de su botadura (5 de febrero de 1887). Fuente: U.S. Naval History and Heritage Command

El Pelayo en los astilleros de Forges et Chantiers de la Mediterranée en La Seyne el día de su botadura (5 de febrero de 1887). Fuente: U.S. Naval History and Heritage Command

Sus características fueron las siguientes: Desplazaba 9.950 toneladas y sus dimensiones eran de 105 metros de eslora, 20,2 metros de manga, 11 de puntal y 7,5 metros de calado.

El Pelayo se propulsaba gracias a dos hélices, movidas por dos grupos de dos máquinas de doble expansión vertical y 16 calderas Niclause, que le proporcionaban una potencia de 6.860 HP en condiciones normales (Tiro natural) y hasta un máximo de 9.600 HP (Tiro forzado). Todo ello le permitió alcanzar una velocidad máxima de 16,7 nudos (en tiro forzado) y una autonomía de 3.000 millas (a una velocidad media de 10 nudos), lo cual le dejaba en una posición inferior a otros acorazados de marinas extranjeras, que fácilmente tenían una autonomía de 5.000 millas, e incluso algunos llegaban a navegar 9.000 millas sin tener que repostar combustible. Su dotación estaba formada por 630 marinos.

Fotografía del acorazado Pelayo. Década de 1890. Fuente: U.S. Naval History and Heritage Command

Fotografía del acorazado Pelayo. Década de 1890. Fuente: U.S. Naval History and Heritage Command

En cuanto a la protección de este acorazado, el buque contaba con un cinturón blindado de acero Schneider Le Creusot, de 45 cm de espesor, que cubría la parte central del casco desde 1,5 metros bajo la línea de flotación del barco hasta 2,1 metros sobre la misma. Así mismo, la cubierta contaba con una protección de 10 cm de espesor y las piezas de artillería poseían un blindaje de 20,3 cm.

En cuanto al armamento, para dotar al Pelayo se eligió hacerlo con artillería de fabricación nacional. Por ello, este acorazado portaba 2 cañones González Hontoria de 320 mm, 2 piezas González Hontoria de 280 mm, un cañón González Hontoria de 160 mm y 12 piezas González Hontoria de 120 mm. Además, incorporó también 3 cañones Hotchkiss de 57 mm y 13 piezas Hotchkiss de 37 mm. Así mismo portaba 4 ametralladoras y 6 tubos lanzatorpedos.

El Pelayo, también apodado como el Solitario por tratarse del único buque de esta clase con que contaba la Armada, se convirtió en el navío más poderoso de la Marina Española en ese momento y, junto a la Numancia, fue embajador de España fuera de nuestras fronteras. Tuvo una vida en servicio longeva y muy diversa, y quiso el destino que en 1898 no se encontrara presente en Santiago de Cuba, pues si no, otro gallo podría haber cantado. También participó en la Guerra del Rif, donde disparó toda su artillería, lo que provocó que se fragmentasen todos los cristales que había a bordo.

El acorazado Pelayo en Génova durante la celebración del 4 centenario del descubrimiento de América. Octubre de 1892. Fuente: U.S. Naval History and Heritage Command

El acorazado Pelayo en Génova, durante la celebración del 4 centenario del descubrimiento de América. Octubre de 1892. Fuente: U.S. Naval History and Heritage Command

Con la entrada en servicio de los acorazados clase España (1912), y junto a un accidente por mala navegación, se decidió dedicar a este barco como buque escuela. En 1924 se le dio de baja y fue vendido para desguace, lo que tuvo lugar en Rotterdam.

El nonato Felipe II
En 1896, D. José María Beránger y Ruiz de Apodaca, que ocupaba la cartera ministerial desde el 23 de marzo del año anterior, desarrolló un nuevo Plan Naval por el que, además de otros navíos, la Armada Española adquiriría un segundo acorazado, que de haberse logrado, se habría convertido en el buque español más poderoso del momento. Este buque sería construido por la empresa británica Sir W G Armstrong Whitworth & Co Ltd, y su diseño se basaría en el de la clase británica Majestic.

HMS Majestic. Pintura llevada a cabo por Sutton, W. T. con motivo del desfile naval de Spithead por el Jubileo de diamante de la Reina Victoria (26 de junio de 1897). Fuente: Royal Museums Greenwich

HMS Majestic. Pintura llevada a cabo por Sutton, W. T. con motivo del desfile naval de Spithead por el Jubileo de diamante de la Reina Victoria (26 de junio de 1897). Fuente: Royal Museums Greenwich

El acorazado debería cumplir las siguientes especificaciones:
Su desplazamiento sería de 12.950 toneladas, siendo inferior a los buques de la clase Majestic, y sus dimensiones serían aproximadamente de 131 metros de eslora, 23 metros de manga y 8 de calado.
Su maquinaría debería otorgarle una potencia de 15.400 HP en tiro normal, lo que le permitiría navegar a un velocidad máxima de 19 nudos (en tiro forzado). Así mismo, tendría una autonomía de 4.000 millas y podría albergar a una tripulación de 750 hombres.

Felipe II - (proyecto de la casa Armstrong aprobado por el Ministerio de Marina) acorazado de 1ª clase, de 11.000 toneladas. Grabado del álbum de A. de Caula. Fuente: The Real Rufus T Firefly

Felipe II – (proyecto de la casa Armstrong aprobado por el Ministerio de Marina) acorazado de 1ª clase, de 11.000 toneladas. Grabado del álbum de A. de Caula. Fuente: The Real Rufus T Firefly

El Felipe II tendría un blindaje compuesto por un cinturón de acero, con un espesor oscilante entre los 254 y los 152 mm, que protegería el casco en la línea de flotación. Así mismo, también contaría con un blindaje de 254 mm en los mamparos y 305 mm en las barbetas. Finalmente, las torres de la artillería tendrían un blindaje de 203 mm.

En cuanto a su armamento, este acorazado portaría 4 piezas de 305mm /L35 en dos torres, una a proa y otra a popa; 12 cañones de 152,4 mm /L40, protegidos en casamatas; 10 piezas de 102 mm /L40 ; 6 cañones de 76mm /L40 y 4 tubos lanzatorpedos.

Alzado del Felipe II según los grabados de A. de Caula. Fuente: Gravina Naval

Alzado del Felipe II según los grabados de A. de Caula. Fuente: Gravina Naval

A pesar de que la prensa le dio mucho publicidad, y se incluyó este buque en el Álbum de la Marina de Guerra de Caula (1897), este buque nunca se llegó a adquirir, y no queda más que como una curiosa anécdota.

Fuentes:

– GONZÁLEZ-ALLER HIERRO, J. I. Los programas navales de la Restauración. En MANERA REGUEYRA, E. (dir) El Buque en la Armada Española. Bilbao: Sílex, 1981. Pp. 308-328.

– LEIRA PLACER, J. Evolución de la propulsión mecánica en la Armada Española. En Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval. Madrid: Instituto de Historia y Cultura Naval. 1990, nº 12, pp. 65-88.

– SACALUGA, B. El acorazado Pelayo. Benito Sacaluga Rodriguez [en línea]. 9 de octubre de 2013 [Consulta 27/03/2016]. Disponible en: http://benitosacalugarodriguez.blogspot.com.es/2013/10/el-acorazado-pelayo.html

– VEGA BLASCO, A. de la. Del vapor a la coraza. En La España marítima del siglo XIX (I): ciclo de conferencias-Abril. Madrid. 1989, pp. 41-61.

– Acorazado Pelayo. En Revistanaval.com

– Enciclopedia La Marina. Editorial Delta. Barcelona, 1983

– Todoavante.es

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